Quién está detrás de Pululando: un zaragozano que lleva media vida pululando sin parar
No soy un nómada digital ni he dejado mi trabajo para recorrer el mundo. Soy alguien que trabaja sus ocho horas, vive en Zaragoza y lleva años haciendo maletas cada vez que puede. Este es mi blog. Y esto es lo que hay.
¿Qué vas a encontrar aquí?
Hubo una comida familiar en la que alguien dijo “llevo todo el día pululando”
Y nadie en esa mesa sabía que esa palabra era ya el nombre de un blog de viajes. Mi blog de viajes. Ahí estaba yo, escuchando, sin poder evitar una sonrisa enorme por dentro mientras pensaba que en algún momento iba a tener que contarles que Pululando llevaba meses cogiendo forma en secreto, casi como si decirlo en voz alta pudiera gafarlo.
Todavía no se lo he dicho. Pero cuando lo lean, espero que entiendan por qué ese nombre y no otro. Pululando es una palabra de casa, de familia, de las que se usan sin pensar y por eso precisamente me parece perfecta para un blog que nace de algo igual de natural: de las ganas de moverse, de descubrir y de no poder parar.
Porque esto no nació de una crisis. No me quedé sin trabajo, no tuve una ruptura, no atravesé ninguna tormenta que me empujara a coger una mochila y largarme al mundo. Para mí viajar siempre fue algo que fluyó de manera natural, como si fuera lo mío desde el principio. Lo que sí hubo fue un detonante. Y tiene nombre propio.
Nueva York lo cambió todo. Literalmente.
Mi primer viaje fuera de España fue a Italia, con 17 o 18 años. Y ya entonces recuerdo esa sensación rarísima y adictiva de pisar suelo desconocido. No fue un monumento concreto ni un paisaje lo que me enganchó: fue la emoción de ver gente que vive diferente, que habla diferente, que tiene otra forma de entender el día a día. Eso ya me atrapó.
Pero todo explotó por los aires la primera vez que pisé Nueva York.
No sé cómo explicarlo sin que suene a cliché, así que lo voy a intentar de otra forma: hay ciudades que te gustan y hay ciudades que te despiertan. Nueva York me despertó. Las ganas de conocer más y más se me fueron de las manos en ese viaje y desde entonces no han parado. Llevo siete veces allí y cada vez me pasa lo mismo: llego, respiro ese aire que tiene la ciudad y pienso “es que me parece increíble que esté aquí”.
Esa frase me la digo en cada viaje, en cada lugar nuevo. Y creo que resume bastante bien cómo me siento cada vez que hago una maleta.
Tuve una época en la que planificaba los viajes casi por horas. Aprendí la lección.
He pasado por casi todas las fases viajeras. Incluida la de llevar el planning tan milimetrado que el viaje parecía más una carrera de obstáculos que unas vacaciones. Entraba en el modo de “tengo que verlo todo” y sin darme cuenta dejaba de disfrutar. Creo que en parte me dejé llevar por el boom de las redes sociales y los sitios virales que hay que ver sí o sí.
Un día le di vueltas a todo aquello y llegué a una conclusión bastante obvia pero que cuesta aceptar: estaba viajando para sufrir. Y yo me niego a viajar para sufrir.
Desde entonces, planifico lo justo, me dejo llevar, fluyo y dejo que el lugar haga conmigo lo que quiera. Prefiero saborear veinte cosas de verdad que correr detrás de cien que no voy a recordar. Y el resultado es que vuelvo a casa con las pilas cargadas y con ganas de repetir, no agotado y con la sensación de que me he perdido algo.
Fluir antes que planificar
Planifico lo esencial y dejo margen para que el lugar me sorprenda. Las mejores historias de viaje siempre pasan fuera del planning.
La comida es parte del viaje
Probar restaurantes nuevos, sabores desconocidos y sentarme en una terraza sin prisa forma parte de cómo entiendo conocer un lugar.
Las grandes ciudades me pierden
Playa, montaña, naturaleza… me gusta todo. Pero si me preguntas qué me pone: una gran ciudad con mil planes, a petar de gente y de vida. Ahí es donde más disfruto.
Nueva York me despertó. Asia me puso en mi sitio.
Si Nueva York fue el boom, la primera vez que viajé a Asia fue el momento que más claramente me dijo “esto es lo tuyo”. No sé si fue la escala de todo, los colores, el caos ordenado de Bangkok, la calma de los templos, el paraíso de las playas de Tailandia… Probablemente fue todo junto.
Ha habido también momentos difíciles en el camino. Equipajes que no llegan, GPS que te mete en un sitio del que parece que no vas a salir nunca, una caída escalando en Tailandia que casi me fastidia el viaje entero. Gajes del oficio. Pero nada, absolutamente nada, me ha quitado las ganas de seguir buscando más aventuras. Al contrario.
Y siempre digo lo mismo cuando alguien me pregunta cuál ha sido mi mejor viaje: el próximo. Con esa ilusión hago la maleta cada vez, pensando que va a ser el mejor de mi vida. Y muchas veces lo es.
Por qué Pululando y por qué ahora
Desde aquel primer viaje a Nueva York tenía claro que esto lo iba a acabar haciendo. No sabía cuándo ni cómo, pero lo sabía. Pululando no ha nacido de la noche a la mañana ni de un día que me levanté inspirado. Ha sido un proceso largo, trabajado en silencio y con una cantidad de horas y tutoriales que prefiero no contar.
No tenía ni idea de cómo se hacía un blog. No tenía ni idea de lo difícil que es, de todo lo que hay detrás, de los miles de detalles que nadie ve pero que están ahí. Me he formado de forma completamente autodidacta, preguntando aquí y allá, cometiendo errores y volviendo a empezar. Ha sido como escalar el Everest sin haber visto una montaña en tu vida. Pero la cabezonería me ha traído hasta aquí.
Y el nombre tiene mucho sentido para mí. Pululando es una palabra que se usa en casa, en familia, sin pensar. Uno de esos términos que forman parte del vocabulario de los tuyos. Me hace mucha ilusión que sea el nombre de este proyecto. Y todavía me hace más gracia que en cada comida familiar salga el “llevo todo el día pululando” sin que nadie sepa que Pululando es mi blog de viajes. Nuestro blog de viajes, en cierta forma.
Lo que quiero conseguir
Que cuando llegues al blog, seas quien seas, pienses “ostras, qué guay este blog, me mola leerlo”. Nada más. Y nada menos.
El tipo de compi que quiero ser
De esos que te echas una cerveza y estáis un buen rato hablando de viajes. Honesto, sin poses, con criterio y con muchas ganas de compartir.
Lo que no pretendo
No vivo de esto ni quiero que cambie eso. Me da la libertad de contar lo que veo, lo que pasa y lo que siento con total honestidad. Sin filtros de patrocinio que me obliguen a decir lo que no pienso.
Mi enfoque
Yo te cuento cómo lo veo, te doy mis consejos y mi experiencia. Luego tú decides. Porque yo no quiero que hagas lo mismo que yo: quiero que lo adaptes a tu estilo y lo disfrutes a tu manera.
Soy de Zaragoza. Y eso también forma parte de Pululando.
Nací aquí, vivo aquí y creo que me quedaré aquí. Bueno, nunca se puede asegurar del todo porque no sabes lo que te depara el futuro, pero Zaragoza me gusta mucho y soy un enamorado de Aragón. No es solo el sitio desde donde salgo a viajar: es una parte de quien soy.
Así que Pululando no va a ser solo un blog sobre destinos lejanos y exóticos. Aragón y Zaragoza van a tener su espacio aquí, porque me parece que hay mucho que contar de esta tierra y que a veces uno tiene que salir lejos para aprender a ver lo que tiene cerca.
Fuera de los viajes, me gusta el deporte, la gimnasia para mantenerme (que uno ya va teniendo una edad), los restaurantes nuevos, los libros que te hacen pensar y también, aunque parezca contradictorio viniendo de alguien que pasa el año haciendo maletas, estar en casa. Lo disfruto mucho. Sigo la MotoGP con devoción, me paso por Motorland cada año y sufro al Zaragoza desde hace demasiado tiempo como para recordar cuándo ganábamos algo.
Qué vas a encontrar aquí y para qué sirve esto
Pululando tiene guías, consejos, listas y contenido práctico. Eso por supuesto. Pero quiero ir un poco más allá de lo puramente informativo. Me gustaría que al leer este blog fueras capaz de teletransportarte, aunque sea un momento, al lugar del que estás leyendo. Que no solo encuentres información sino que sientas algo.
La diferencia entre entrar al Coliseo de Roma, hacerte las fotos y marcharte… y entrar, quedarte un rato, salir, buscar una terraza cerca, pedir un Aperol Spritz y sentarte a absorber lo que acaba de pasar. Esos momentos son los que se quedan grabados para siempre. Y de eso quiero hablar aquí también.
✅ Qué vas a encontrar
- Guías prácticas escritas desde la experiencia real
- Consejos honestos, sin filtros de patrocinio
- Historias y storytelling que te llevan al lugar
- Mi punto de vista, siempre respetando el tuyo
- Aragón y Zaragoza con todo el cariño del mundo
- Un compi viajero con quien tomar una cerveza
⚠️ Lo que no vas a encontrar
- Listas de 200 países para marcar con una chincheta
- El típico “este lugar cambió mi vida” sin más
- Plannings milimetrados que dan agotamiento solo de leerlos
- Poses de viajero profesional que se lo sabe todo
Mi mejor viaje es siempre el próximo. Y me alegra que estés aquí para contármelo.
Si has llegado hasta aquí, ya sabes más o menos quién está detrás de Pululando. Un zaragozano que lleva años pululando por el mundo con muchas ganas, bastante cabezonería y la convicción de que viajar bien no significa viajar mucho, sino viajar disfrutando.
Espero que este blog te sea útil, que te inspire, que te haga reír alguna vez y que cuando lo recomiendes a alguien le digas que aquí hay un tío con un rollo que mola. Con eso me doy por satisfecho.
Nos vemos en el siguiente post. Y si algún día coincidimos en algún aeropuerto, ya sabes: la cerveza corre por mi cuenta.
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